
Ojear cicatrices
Se espera de un primer libro, y más si es un libro de relatos, cierta inseguridad que se traduce en un querer salvarlo todo, una carencia de olfato para discriminar lo que merece quedar de lo que no supera la iniciación a la dificultad que ofrece el género. Un primer libro de relatos de un autor joven, como es Sergio del Molino (Madrid, 1979), corre el riesgo de querer demostrar demasiado antes de tiempo. ‘Malas influencias’ ha superado con creces cualquiera de estos peligros.
Los once relatos que reúne son de variada extensión, desde la máxima brevedad, como ‘Aurora’, hasta el cuento largo como el que da título al volumen, o el que lo cierra, ‘El emperador de Buenos Aires’. Hay diferentes escenarios y variadas voces. Hay, sobre todo, una escritura muy cuidada, consciente, sin pedantería ni rebuscamiento. Cada historia despierta la curiosidad del lector desde el arranque, lo guía por paisajes humanos -y a veces, físicos- de extrañeza, hasta un final casi siempre sorprendente.
Son cuentos que hablan de situaciones complejas, algunas llevadas al límite, pero que el autor ha sabido narrar de manera controlada, sin buscar destellos gratuitos, salvo quizá en el final de ‘Huellas digitales’, un relato, por otra parte, divertido. Hay también una estampa muy sugerente en la que Del Molino, sin duda, homenajea a la literatura americana que le gusta, al tiempo que demuestra capacidad para la crónica viajera; me refiero a ‘Valle, Arizona’, que concluye con un final tan abierto que sabe a poco. Esto mismo ocurre con ‘El doctor Chase’, que parece el esbozo, bien trazado, de una narración más larga. Pero son, antes que defectos, promesas de lo que el autor, sin duda, nos ofrecerá en libros futuros. La colección contiene tres narraciones que justifican por sí mismas el conjunto. ‘El emperador de Buenos Aires’ enlaza, no sé si de manera consciente, con una saga de relatos que inauguró Hemingway en ‘The Killers’, y que han proseguido al menos Borges (‘La espera’) y Martin Amis (‘La muerte de Denton’), la del asesinado que asume su muerte, que no se resiste a ella, sin que nunca logremos entender del todo el significado último del gesto. El relato de Sergio del Molino es una vuelta de tuerca muy original, aporta un sesgo que hunde su raíz en el mito y en la consideración existencial, nihilista. “Malas influencias’ es, en fin, un relato magistral, que gana con la relectura, un juego metaliterario a partir de la figura (y las cicatrices) de Sylvia Plath. La voz del narrador, un personaje obligado por la propia suicida a ser cómplice de su decisión, traza un perfil hondo y verdadero de la escritora americana: “La vida es insoportable si no nos jugamos de vez en cuando la ficha más valiosa, que es la propia vida”, afirma Plath. Dicha deriva enlaza con la sugestiva fantasía (más literatura sobre literatura) que es ‘Calle Velarde’, donde se afirma que la verdadera bohemia, la más radical, es la que prescinde incluso del anhelo de perpetuarse (algo de lo que no fue capaz ni siquiera Alejandro Sawa). Esperemos que Sergio del Molino, por su parte, no ceje en la senda que ya le conduce, con este libro, hacia la república de la buena escritura.
José Giménez Corbatón
12 de marzo de 2009
0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.